Leyenda del Güero y el Pájaro
Nada se supo acerca de los orígenes del Güero hasta
nuestros días,
lo que sí
existen, son algunos datos de un grupo de antropólogos belgas
que exploraron
los alrededores de la Selva Amazónica, allá por el año 1921,
y que estiman que el Güero existió hace 7000 años
y que su
historia trascendió de boca en boca .
I
En el
corazón de la Selva
Amazónica , donde la abundancia y la espesura vegetal dejan
pequeños e imperceptibles claros de luz que sólo las mariposas son capaces de traspasar,
existió el Güero, una bestia semihumana que vagaba por las noches cazando para
sobrevivir y a quien todos los habitantes salvajes temían.
Un día en
que el sol partía en dos al cielo, el Güero no durmió. Aquel insomnio, pese a
la sensación de cansancio que le provocaba, abrió el portal de un nuevo mundo,
un mundo que él no conocía: la selva de día….En ese deambular errático comenzó
a sentir sensaciones nuevas, tan sorprendentes y vitales que olvidó rápidamente
su cansancio, y fue tanta la emoción (aunque el güero aun no era conciente de
sus emociones) que el correr del tiempo parecía otro.
En el devenir de su larga
caminata en un momento en que se detuvo a beber de una cascada que mitigaba la
herida del calor amazónico, escuchó un distinguido trino que llamó su atención. Era un trino de
sonoridad potente, alegre y sensual. Intentó con desesperación dar con él,
volviendo la cabeza de un lado a otro, hasta que finalmente el sonido se fue
desvaneciendo como el tronar del relámpago cada vez que la tormenta se aleja…
Desde
aquel día comenzó un peregrinaje en busca de aquella sonoridad que atraía su
ser y provocaba en todo su cuerpo un alboroto inusitado. De repente lo
escuchaba al norte, a los lejos y cuando se dirigía a buscarlo no lo hallaba,
lo escuchaba al oeste y cuando se animaba a ir a su encuentro tampoco daba con
él…..Hasta que agotado, se sentó a descansar al pie de un árbol milenario y
entresueños volvió a escuchar ese particular trino, esta vez, tan, pero tan
cerca, que volteó los ojos para arriba ...y allí estaba…sobre una fornida rama,
un pájaro de plumaje colorido: amarillos, verdes, y naranjas, tan
resplandecientes que hacían doler la mirada. La belleza salvaje del ave lo dejó
inmóvil. Sintió el impulso instintivo de cazarlo, de tomarlo para sí, una
pulsión violenta y sexual desde el centro. Fue tan pequeña la distancia entre
el instinto y el reflejo que aquel pajarillo se encontró entre sus manos casi
instantáneamente. Al cobijo de su calor se pasó unas cuantas horas expresándole
a la avecita las pocas palabras y sonidos guturales que el Güero conocía, como
un modo de sentirse acompañado, presintiendo que su vida en la oscuridad
permanente podría cambiar.
Exhausto,
mientras el día caía como un gigante anestesiado sobre el horizonte, aliviando
la presión de sus manos sobre el frágil plumaje, dijo con la palabra salida
directamente de su inconsciente salvaje,”
no te será fácil librarte de mi,”…y con un temblor planetario, al terminar
de decir la última palabra….el Güero se convirtió en hombre…en un hombre con la
luminosidad del conocimiento y la numinosidad de la fortaleza salvaje.
En el
medio de esa conmovedora metamorfosis, el pájaro se le fue de entre las manos
como una flecha en vuelo hacia las profundidades del Amazonas.
II
En un
enriquecedor encuentro, pudo reconocerse, percibir el conocimiento que poseía y
el sentimiento que de él brotaba hacia la vida y la naturaleza. De pronto,
pensó que, tal vez, aquella avecilla que había cobijado entre sus manos no
fuese tan sólo un pájaro y esperó. Esta vez no tuvo que vivir el peregrinaje
desesperado de buscar, solo tuvo paciencia. Se sentó al borde del agua
cristalina rodeado de selva y en el momento preciso, a la hora de la
oración se posó en sus regazos el
hermoso pájaro de plumaje colorido. Lo tomó entre sus manos y con el ardiente
deseo de descubrir las poderosas palabras que transformaran al avecilla, pensó,
pensó, pensó y no logró dar con ninguna…Mientras tanto, vio que aquel pajarillo
parecía mover su pico trinando muy bajito. Para escucharlo mejor se lo acercó y
así fue que le cantó al oído una bella melodía, de tal forma, que las notas de
aquella canción comenzaron a viajar hasta las profundidades de su alma
dejándolo hondamente dormido. De un momento a otro, comenzó a abrirse una grieta en el centro de
su pecho hasta expandirse como flor en primavera y bañado de luz atardecida, el
pájaro bebió de su corazón tierno de alcaucil. Fue entonces, cuando, al
desatarse una lluvia feroz que hizo estallar los nidos y los estambres, aquel
pájaro se convirtió en mujer, una mujer de cabellos largos y morenos que se
quedó a dormir junto a aquel hombre iluminado por el conocimiento y numinado
por la fuerza salvaje.
Dicen que los hombres con una cicatriz
invisible en el pecho llevan el espíritu del Güero. Dicen…..
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